Las alergias y el hígado

Seguramente, muchos de vosotros habéis vivido el caso de alguien muy próximo que se ha puesto a hacer deporte de forma más intensa y ha empezado a tener alergias que antes no tenía. ¿Por qué? ¿Tiene relación con el deporte?

Pues de alguna forma, sí. Porque cuando hacemos deporte, los dos órganos que se resienten más y que debemos cuidar también más son el hígado y los intestinos. De aquí la importancia de comer de forma saludable y ser conscientes de una buena prevención.

El hígado: el laboratorio

El hígado es nuestro laboratorio. Es el órgano que se encarga de filtrar la sangre y de eliminar las sustancias tóxicas que entran en el organismo. Además, extrae los nutrientes esenciales como la vitamina A y D, y minerales como el cinc, el hierro y el cobre provenientes de la dieta y los almacena para cuando el organismo los necesite. Su función fundamental es regular el metabolismo y en el deportista juega un papel fundamental, ya que almacena glucógeno para utilizarlo como fuente de energía y se encarga de mantener la glucemia (azúcar en sangre) constante.

Si este órgano no funciona bien, el deportista puede tener náuseas, sobrecargas, acumular toxinas, etc., lo que se traduce en agotamiento físico, inestabilidad de la glucemia con riesgo de sufrir hipoglucemias y en la aparición de alergias y sensibilidad alimentaria, entre otros desajustes orgánicos.

Para asegurar un buen funcionamiento hepático, es importante que el deportista, antes de empezar una temporada de entrenamiento, siga una dieta un poco depurativa para ayudar a drenar, eliminar las toxinas acumuladas y aligerar la carga del hígado para que éste pueda empezar a colaborar con los entrenamientos de forma favorable. Una buena manera de eliminar las toxinas acumuladas sería tomar infusiones de boldo, hacer una dieta más bien vegetariana durante unas semanas y consumir alimentos amargos como alcachofas, rábanos, endibias o escarola. Si la persona siente una sobrecarga importante, entonces podemos recorrer a la suplementación natural, con chlorela o espirulina, por ejemplo, algas muy ricas en clorofila y que ayudan a eliminar las toxinas acumuladas, a los aminoácidos sulfurados o a la fitoterapia con efecto depurativo como el boldo, la alcachofera o el desmodium.

Intestinos: la puerta de nuestras defensas

El sistema gastrointestinal no está diseñado para el deporte de resistencia porque parece que es el órgano que sufre más directamente las consecuencias del aumento de la temperatura corporal. Esta situación disminuye el flujo sanguíneo hacia el intestino, lo que provoca una falta de oxígeno en la zona intestinal que desencadena una serie de cambios bioquímicos que provocan la temida hiperpermeabilidad intestinal. Eso dificulta las funciones de la barrera intestinal como el transporte de nutrientes, las funciones inmunológicas y la barrera física de sustancias y microorganismos malos. Así se activa el sistema inmunitario y se desencadenan respuestas inflamatorias.

Para fortalecer el sistema intestinal es básico tener una buena flora, ya que hace funciones diversas, como la de defender el intestino ante infecciones, ayudar en la absorción de nutrientes y en la digestión de algunos alimentos y también es imprescindible para sintetizar determinados nutrientes como la vitamina K y las vitaminas del grupo B.

Por lo tanto, si tenemos una función intestinal irregular es importante aportar a través de la dieta nutrientes probióticos que encontramos en yogures, kéfir y alimentos fermentados como el tamari, el miso, el tempeh, los picles, etc. y prebióticos que están en la fibra alimentaria. También podemos recorrer a una buena suplementación rica en estos dos componentes. Si hay hiperpermeabilidad intestinal será interesante evitar los alimentos que creemos que nos producen más intolerancia y los que pueden irritar la mucosa intestinal como café, bebidas con gas azucaradas, chocolates o harinas refinadas. Un buen suplemento que ayuda a recuperar la permeabilidad intestinal es la L-glutamina y el agua de mar isotónica.

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